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sábado, 28 de septiembre de 2013

Sexting: mandar contenidos eróticos personales por el móvil

Sexting: gente de todas las edades se ha aficionado a mandarse fotos y vídeos de contenido erótico -y pornográfico- por el móvil. Podemos hacer esas fotos y vídeos y mandarlas de forma gratuita y rápida a cualquiera de nuestros contactos desde el mismo teléfono. Fácil, sencillo, gratis… tentador. 

Las nuevas tecnologías nos han dado una nueva forma de disfrutar de la sexualidad, pero ese disfrute se queda registrado, deja evidencias y pruebas que pueden caer en manos equivocadas. Lejos de ponernos alarmistas -tono que no solemos emplear en Sexo en la Piel- si que es necesario evidenciar este riesgo. Esas pruebas pueden difundirse de forma masiva a través de teléfonos, redes sociales, páginas web… y exhibir una intimidad que no pretendíamos exhibir. 

Que suceda esto es más fácil de lo que parece: mandas una foto o un vídeo a alguien de confianza… y este alguien de confianza se lo reenvía a su vez a alguien en quien confía… y así sucesivamente, hasta que la cadena se traslada de los teléfonos móviles a las redes sociales y, de ahí, a una página web. Una vez más: fácil, rápido y gratuito. El no se lo enseñes a nadie falla con más frecuencia de la que creemos. También puede suceder algo aún más simple y absurdo: que perdamos el teléfono y quien lo encuentre descubra las fotos y las difunda a su antojo.

Dependiendo del nivel de riesgo que estemos dispuestos a aceptar, podemos tomar distintas actitudes respecto a este tema:
  1. No hacer vídeos ni fotos de contenido erótico y/o sexual
  2. Hacer vídeos y fotos, verlos un rato y borrarlos rápidamente
  3. Hacer fotos y vídeos pero no almacenarlos en el teléfono, sino en un disco duro externo, un pendrive etc., del que tengamos mayor control
  4. Enseñar fotos y vídeos desde nuestro teléfono móvil, pero sin enviarlos a otros dispositivos
  5. Enviar las fotos y vídeos y arriesgarse a que puedan difundirse
¡Tú decides! ¡A disfrutar de las ventajas del móvil y de la sexualidad!

Ana Lombardía.


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domingo, 3 de febrero de 2013

¿Tratamos de imitar demasiado las pelis porno?

NOTICIA DE EL PAÍS

¿Caemos demasiado en el tópico de las películas porno?

La pornografía puede condicionar y estandarizar nuestro comportamiento sexual. ¿Nos estamos pasando imitando a Nacho Vidal o a Traci Lords en la cama?

Si un extraterrestre llegara a la Tierra (...) Si este marciano quisiera profundizar en las conductas sexuales humanas, lo más fácil sería conectarse a Internet y ver videos o películas porno. Tras una sesión intensiva, es probable que llegase a las siguientes premisas:
  • Los machos humanos solo están preparados para cubrir a las hembras tras una sesión de un mínimo de 20 minutos de sexo oral. Ellas sin embargo, no necesitan tanta estimulación para ser penetradas.
  •  Las relaciones sexuales entre terrícolas acaban siempre con el macho eyaculando en la cara de la hembra, lo que a ella le causa un gran placer.
  •  En las cintas más antiguas se observa que los terrícolas tenían pelo en sus órganos sexuales, pero seguramente lo han perdido como resultado de un proceso evolutivo, al perder éste su función.
  • El sexo es una de las tareas más duras que desempeñan los humanos, requiere concentración, seriedad y gran esfuerzo físico.   

La respuesta a por qué no se hacen películas porno más inteligentes y dirigidas a un público de ambos sexos –hasta ahora están diseñadas, mayoritariamente, para satisfacer los deseos y fantasías de los hombres–, es la pregunta del millón, porque hay un amplio mercado femenino y hasta masculino que pagaría encantado por ver cintas más excitantes, menos mecánicas, con mayores dosis de imaginación y con diálogos –sé que no hay muchos– más reales. (...)

(...) En el año 2008 Babeland.com, una sex shop online, hacía una encuesta entre chicas sobre las ideas erróneas que los hombres se habían forjado respecto a las mujeres a causa de las películas porno. En el ranking de resultados, los primeros puestos eran los siguientes:

1. Pensar que las mujeres solo tienen orgasmos con la penetración.
2. Creer que a las chicas les encanta el semen en la cara.
3.  Pensar que el sexo anal es sexy.
4. Tener la idea de que ellas prefieren los penes muy grandes.

La sexóloga Francisca Molero, directora del Institut Clinic de Sexología de Barcelona, se ha encontrado con pacientes que se quejan de que su pareja se comporta como un actor porno (en el mal sentido). Incluso algunos parecen mirar a cámara mientras están en faena. “La cuestión es que muchos tienen la idea de que imitar el comportamiento de las películas porno es sinónimo de ser el mejor amante. Incluso algunas mujeres u hombres se sienten culpables porque no les gusta lo estandarizado, lo que sale en la pantalla. El porno puede ser fantástico, estimular la libido o fomentar las fantasías sexuales. No hay nada malo en querer imitar una postura o algún comportamiento que hemos visto en alguna película X , siempre que nos atraiga.

El problema está en no tener otro modelo, no seguir el propio deseo y ceñirse siempre al guión. Un guión en el que quedan excluidos los juegos, la seducción, el erotismo. La mayoría del porno que se consume ahora es mecánico y competitivo. Busca más lo cuantitativo que lo cualitativo y puede ejercer una influencia importante en los jóvenes, especialmente en aquellos que no han tenido aún experiencias sexuales.

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martes, 11 de diciembre de 2012

Entrevista a Erika Lust, directora de cine porno para mujeres


Erika Lus(1977, Estocolmo), la pionera directora de porno para mujeres afincada en Barcelona desde hace ya unos años, nos recibe en una soleada y demasiado cálida mañana de noviembre. La localización de sus cuarteles también resulta sorprendente, justo en el medio de una conocida zona de funerarias de la ciudad. Quizá esta aguerrida sueca es un poco todo eso, en su esfuerzo de unir el género del que casi ya no se produce nada, el erótico, al género del que más se produce, el porno. Clara y visionaria, se le iluminan los ojos cuando nos habla de su paradigma artístico y en ocasiones lucha contra su acento para vocalizar y subrayar las palabras clave de su discurso. Usa frecuentemente la palabra “sensación” o nos habla de “sensaciones” tanto o más que de penes, culos y tetas. Resulta fresca, espontánea y fuerte. Pero también incierta, divertida y humana. Íntima. Sincera. Y repleta de detalles, de los que, intentando de ser un poco como ella, tratamos de no prescindir.
¿Cómo explicarías lo que es el porno femenino y en qué lo diferencias del porno tradicional?
Entramos entonces en un mundo de muchos términos porque tenemos porno para mujeres, porno femenino y porno feminista. Y todo esto es un lío para mucha gente. Además, hay mucha gente que su primera idea o sensación es que estoy hablando de porno lésbico cuando empiezo a hablar sobre mujeres. ¿Y por qué reaccionan de esta manera? Porque el porno en sí es un género muy masculino. Es un género que si lo analizas, lo deconstruyes un poco y observas sus estructuras empiezas a ver claramente que el hombre es el principal protagonista y trata de su placer. La mujer tiene el papel de ayudarlo. Ella es el bello objeto, la mujer de su fantasía, pero no es más que la herramienta para el placer del hombre. Y yo creo que esto es justo la clave, lo que hace que para muchas mujeres sea difícil ver porno porque se sienten excluidas. Porque ¿dónde está el placer femenino? ¿Dónde está mi orgasmo? ¿Por qué no trata sobre la sexualidad de mi vida? Es la reacción que las mujeres, en general, sienten cuando ven porno. Y esa es una de las cosas que estamos intentando cambiar muchas directoras que ahora nos dedicamos a este género. Intentamos situar a la mujer en el papel central y mostrar su placer. Pero esto no es un tema simplemente de la pornografía. Vemos exactamente lo mismo en las películas de Hollywood, en el cine mainstream, y en las series de televisión, donde una gran mayoría trata de un mundo masculino. Son policías, mafiosos, criminales, militares y papeles muy masculinos. Hay que hacer un cambio general: lo que necesitamos son más mujeres que entremos en el audiovisual como género —porno, comedia, terror o lo que sea— y empecemos a contar nuestras historias desde nuestra perspectiva. Porque los gustos son muy individuales y ahora mismo vivimos en una sociedad donde se permite vivir tu papel de mujer o de hombre de muchas maneras distintas, mientras que anteriormente estaba más limitado. Había un papel clásico del hombre y un papel clásico de la mujer. Quizá dos o tres, pero no había mucha variedad. Es muy importante que gente de diferentes territorios, de diferentes backgrounds, de diferentes contextos socioeconómicos, culturales e intelectuales vengan a este género sobre el que estamos hablando, que es la pornografía, el cine erótico, el cine adulto o como queramos llamarlo, y empiecen a contar otras historias. Porque hay muchas historias distintas ahí fuera, que no necesariamente son las mismas que las historias de Nacho Vidal.
¿Ves el porno como un medio, como algo más que porno, como un discurso para trasladar lo que debería cambiar en la vida?
Definitivamente, sí. Veo el porno como algo más que una pura herramienta de placer o excitación. Veo el porno como una herramienta de educación, de influencia, de política… porque al fin y al cabo es eso. El porno es un discurso. Un discurso que habla sobre sexualidad, que habla sobre femenino y masculino. Porque si tenemos un hombre y una mujer interactuando en una escena sexual, lo que hay es eso. Es una estructura, es una idea de cómo funciona el sexo. Y, sobre todo, cuando los jóvenes intentan entender cómo funciona el sexo… porque todos sabemos que los jóvenes usan el ordenador y la pornografía para aprender sobre sexo, porque es la única manera —bueno, las revistas también, pero hoy en día no hay tantas, más bien son imágenes en Internet—. Entonces son imágenes, fotos o vídeos en la red que muestran gráficamente cómo funciona esto del sexo. Porque en el cole te lo explican, pero ¿de qué manera?
Un gran porcentaje de educación sexual se obtiene mediante el porno.
Y ahí es donde es tan importante para mí poder influenciar a este género y dar una alternativa a la pornografía tradicional a la que tenemos acceso. Porque muchas películas tienen valores negativos. Tienen valores donde la mujer está en un papel relativamente triste , tratada como objeto o herramienta y donde no es la persona principal, y muchas veces hay valores bastante agresivos y violentos. Es como “smack up the bitch!”. Pero no es solo el porno, también sucede en los videoclips musicales, por ejemplo. Y para mí es extremadamente importante que otras personas podamos explicar a una generación joven cómo funciona el sexo. Y no solo Rocco Siffredi, Nacho Vidal y los otros pornstars que van todo el tiempo con esta sensación del supermacho demasiado musculoso que coge a la mujer barbie doll plástica y hace lo que quiere con ella. Quiero ver sexo que tenga mucho más que ver con lo que hago yo en mi vida personal. Un sexo más natural, más pasional, pero no pasional al estilo “I’m gonna fucking kill you! Suck it bitch!” ¿Sabes lo que quiero de decir?
Con cierto sentimiento, que no necesariamente sentimental.
Sí, claro. De intimidad, quiero una sensación de realidad y de piel. El cine es una herramienta muy poderosa para transmitir valores, sensaciones y emociones, y creo que justamente en el género de porno está muy mal usado. Hoy en día ni siquiera se hacen películas, son vídeos hechos de cualquier manera. Y este es otro de los puntos donde yo diferencio mi cine del porno tradicional. A mí me gusta mucho el cine, quiero que tenga sentido y belleza, que sea estético y bonito, que esté bien iluminado, que haya una historia, que haya un desarrollo de personajes y que puedas entender quiénes son… ¡porque están ahí! Creo que esto es algo que comparto con muchas mujeres y también con algunos hombres, queremos un porno donde no es suficiente ver el sexo, queremos un poquito más de ayuda a nivel de storytelling.
Esta visión la compartís quizá los que hacéis porno de autor, el director con nombre y apellidos.
Sí.
Pero en estos últimos años en Estados Unidos se están dando un arranque de las películas argumentales, que parece que vuelven. Películas a las que llaman “romance” o porno romántico, que hacen como una comedia romántica llevada al porno. Y también embellecen la película y cuidan la estética. ¿Qué te parece esto? ¿Están entrando estos conceptos un poquito en el porno mainstream?
Yo creo que sí. Creo que en el valle de San Fernando han tenido una llamada de alarma viendo que en el negocio llevan años no sabiendo muy bien hacia dónde van. Porque ha habido cambios enormes en la industria del porno. Porque había gigantes, había empresas muy grandes que estaban produciendo películas como una fábrica de chorizos. Y después vino Internet que permite, a partir de 2004 y 2005, poder ver realmente películas. Porque antes eran fotos y pequeñas cosas. Pero de repente… ¡lo puedes ver todo! Y ahí se perdieron porque muchos de ellos veían la Red como enemigo, como algo muy peligroso que le estaba quitando el negocio en lugar de adaptarse e intentar encontrar su manera. Pero por otro lado también daba la posibilidad a los pequeños productores, directores y actores de hacer su propio negocio a través de Internet, de crecer. Y, de repente, el porno se ha diversificado y vemos cómo algunas de las grandes empresas casi han muerto, y que otros han entendido que tienen que cambiar.
Adaptarse.
Sí, adaptarse. Y mirarse un poco a sí mismos y sus valores. Porque hemos hablado sobre el papel del hombre y el papel de la mujer y el placer femenino, y hemos hablado sobre estética; pero también hay otro tema que yo creo que es muy importante para muchas mujeres: el proceso de producción. Parece que no creemos que las condiciones de producción sean un negocio limpio, y eso nos molesta a muchas mujeres. Queremos que sea ético. Queremos que se gestione bien. Para nosotras es muy importante que no se coja unas chicas pobres a las que se les muestra todo este mundo de dinero y se les diga: “Ven aquí, follas un poco y vas a ganar mucho dinero”. No es lo que queremos. Como mujer y como productora y directora veo que tengo muchísima responsabilidad cuando decido rodar una película. Es mi responsabilidad que todo funcione, que todo sea ético y que los actores que estén en mi rodaje realmente quieran estar y estén contentos haciendo lo que hacen. Y creo que de alguna manera las mujeres se fían más de que quien haga esto, bien sea yo o Nacho. Perdón si menciono mucho a Nacho Vidal, es simplemente porque es el más famoso y popular y es más fácil entender lo que digo.
La sensación que tienen algunas mujeres es que en el porno la mujer está explotada, como esa imagen típica en los setenta y en los ochenta de mujeres drogadas o adictas que eran utilizadas.
Exactamente. Y también por muchas actrices que han salido a los medios y han contado su versión. También tengo que decir que, como he estado en contacto con actores desde que creé esta empresa, hay muchas chicas que me han contado historias sobre cómo funciona el negocio y cosas que les incomodan mucho. Como ir a un rodaje y que el director lleve a sus amigos y le diga a la chica “Ahora te toca ir a hablar con ellos”. Y estos amigos están ahí mirando las escenas. Cuando ruedo siempre intento que todos los que no tengan que estar, no estén. No invito a mis amigos… aunque hay muchos a los que les encantaría estar, evidentemente [risas]. Una de las cosas que tienes que hacer es proteger a tus actores, hacerles sentir muy cómodos, tratarlos muy bien. Muchas de estas mujeres nunca lo dirían en público porque viven de hacer porno y de trabajar con muchos de estos personajes, y si lo explicaran nunca más trabajarían.
A raíz de esto que dices, al menos en Estados Unidos, con esta hornada de nuevas actrices que manifiestan gran personalidad en su trabajo y fuera de él, al estilo de Sasha Grey o Stoya, da la sensación de que ellas sí están bastante protegidas y saben lo que hacen. Hay muchas mujeres que las respetan y las admiran.
Esto es una parte de lo que he visto, pero también hay otra parte, evidentemente. Mucha gente tiene la sensación que los actores son personajes bastante promiscuos y oscuros. Y esto lo he visto muy poco. La gran mayoría son gente muy simpática que se cuida mucho, que van al gimnasio, que no beben, que no fuman, que no toman drogas… que ni siquiera follan mucho.
Fuera del rodaje.
Sí, claro. Pero quiero decir que no es gente que vaya a un club y ligue un montón.
Esa es la imagen que se ha formado del actor o actriz porno.
Y normalmente no es así. Son gente que sabe mucho, se hacen sus tests y análisis médicos cada mes, que nunca mantendrían relaciones con alguien que no conocen sin condón… lo que hace mucha gente “normal” ¿no? Y están bastante seguros de quiénes son, lo que hacen y lo que quieren. Y les gusta mucho el sexo. Y claro, eso es lo que realmente buscas en un actor. Buscas a alguien a quien le ponga estar en un rodaje, a quien le ponga el sexo delante de la cámara, que le parezca divertido y apetecible. No quieres a alguien que venga en condiciones malas y tristes.
Y eso además ayuda a que sea natural, que es lo que tú esencialmente buscas.
Por supuesto. Y además lo que busco mucho y considero muy importante es que haya química. Y eso se consigue mejor conociéndose antes, si son pareja en la vida normal o son buenos amigos. Yo lo que hago es preguntarles a ellos. Si hiciera un casting, por ejemplo, contigo te preguntaría “¿Quién te gusta?”. Es que no me podría nunca imaginar manteniendo relaciones sexuales con alguien que no me gusta. Eso es algo que no quiero de ninguna manera, es muy importante encontrar esta química.
Y rodar cosas que te gusten.
Sí, claro; y la manera de rodar, evidentemente. Yo lo que tengo que hacer siempre es “sacar el porno de ellos”. Porque yo trabajo con actores que han rodado porno y con actores que no han rodado porno. Son dos procesos bastante diferentes. Con los que ya han rodado, tengo que asegurarme que no me van a hacer una performance.
¿Qué quieres decir?
Que no haya poses. Ya sabes, mostrando los labios, el pecho, el culo… pam, pam, pam… que si las poses con las piernas separadas, ahora así… [Erika hace gestos parodiando los ejercicios gimnásticos más habituales en el porno tradicional] Quiero decir, si tu vas a casa esta noche no vas a follar como en una película porno. Tú sabes cómo hacerlo. Todos sabemos. Eso es lo que tengo que quitar, les tengo que decir “No lo hagas como en el porno, sino como lo haces en tu casa”. Y ahí tenemos esos códigos que todos sabemos qué significan.


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sábado, 10 de noviembre de 2012

Pornografía, ¡ese invento!



Con la entrada masiva de Internet en los hogares la pornografía se ha convertido en un elemento más en nuestros ordenadores y la vida cotidiana: puedes acceder a ella desde la comodidad de tu casa, a través de tu ordenador y en la más completa intimidad. De este modo, la pornografía se ha vuelto algo normal, habitual, está siempre presente.

La pornografía muestra, en general, una forma de sexualidad muy particular:
  • Hombres y mujeres con un físico muy específico, acorde a un ideal de belleza que no se corresponde con el común de la gente
  • La relación entre hombre y mujer suele ser de dominación-sumisión, casi nunca de igualdad
  • El disfrute del hombre es el centro de la historia, mientras que el de la mujer queda relegado a un plano secundario 
  • La mujer es la que seduce al hombre mostrándose atractiva físicamente y ofreciendo su cuerpo
  • La mujer siempre está dispuesta al encuentro sexual, aunque ella no haya sido seducida previamente
  • La mujer llega al orgasmo simplemente con la penetración vaginal o anal
  • El hombre no necesita más que ver a una mujer atractiva para acostarse con ella
  • El hombre se excita con gran facilidad, mantiene la erección durante mucho tiempo y tarda mucho en llegar al orgasmo
  • El pene es el elemento centrar de la relación sexual

El problema puede llegar cuando buscamos en la realidad lo que tan acostumbrados estamos a ver en la pornografía: no hay que olvidar que la pornografía es ficción, es decir, una distorsión de la realidad para hacerla más atractiva y llamativa. Lo que aparece en estas películas no es susceptible de llevarse a la práctica en la realidad y, si lo intentamos, corremos el riesgo de llevarnos un gran chasco.

Por otro lado, la pornografía nos ofrece una estimulación muy potente: las imágenes son muy llamativas, fuertes, directas, sin ningún tipo de sutileza. Igualmente, los sonidos y gemidos de los actores tienen la misma potencia. Así, consiguen crear una gran excitación sexual en los espectadores en muy poco tiempo. Pero la estimulación que recibimos en la vida real no es, ni mucho menos, tan potente "estimularmente" hablando; por eso, si nos acostumbramos a la estimulación que nos ofrece la pornografía corremos el riesgo de que la estimulación real no sea suficiente para excitarnos. Además, el uso reiterado de la pornografía puede debilitar nuestra imaginación y, en algunos casos, convertir la pornografía en un elemento indispensable para masturbarse. 

Hay que tener siempre presente que la pornografía es ficción y consumirla adecuadamente si queremos evitar los riesgos que conlleva; no hay que convertirla en el centro de nuestra sexualidad pero, si nos gusta, podemos convertirla en un elemento más que estimule nuestra imaginación, introducirla en nuestras relaciones de pareja... sin necesidad de renunciar a ella.

Ana Lombardía.



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